Pobre la educación en Nicaragua. Pareciera haberle caído una jetatura que no la deja salir de su estado agónico.
Después del último Ministro de Educación de la Nueva Era, un nutricionista animal, todos pensaron que no podría nombrarse a nadie peor. Pero para el Gobierno de Reconciliación nada es imposible y buscaron a una mezcla de “estudioso” de la educación con la quintaesencia de la ineficiencia y el resultado lo está pagando caro este vital sector.
Ya han pasado diez meses desde que inició esta nueva administración y los resultados en el área educativa brillan por su ausencia. Pareciera que las prioridades de nuestra educación y que saltan a la vista, de repente se fueron al bote de la basura. La matrícula universal, por lo menos en primaria, la retención escolar, la reducción de la repitencia, la calidad educativa fueron sustituidas por las metas políticas del partido en el poder.
Si observamos el trabajo de este flamante Ministro en los últimos diez meses, encontramos “resultados” de este calibre.
Desmantelar la autonomía escolar, porque la instauró Humberto Belli, enemigo del pueblo y del partido y además le da poder a los padres de familia que nos son miembros del Poder Ciudadano. Lo peor de esto es que no le ha dado alternativas de funcionamiento a los centros escolares.
Obligar a todos los empleados a llamarse “compañeros” entre sí y a todos los que se ruborizaban o cancaneaban, los han ido purgando, además de instaurar la calificación de méritos por desempeño partidista.
Combatir hasta con los dientes a Orlando Pineda para que no le haga sombra con el Yo si puedo.
Encontrar con la ayuda de su Director General Administrativo Financiero, los mecanismos para hacer llegar fondos a la Juventud Sandinista.
Prohibir las ventas dentro de las escuelas para que los niños se salgan a la calle a comprar y quitarle a las aguas negras del imperialismo la concesión para pintar las escuelas.
Fortalecer a la FES con cuadros partidistas para continuar utilizándolo como carne de cañón.
Cambiar de lugar y de hora el desfile del catorce de septiembre, para que no se parezca en nada a los desfiles anteriores.
Lamentarse de las pérdidas de escuelas en la Costa Atlántica y declarar que de cada diez escuelas, veinte estaban dañadas.
Suprimir del calendario el Día de la Hispanidad, aunque el se siga llamando De Castilla y luzca una frondosa barba para que no lo confundan con los indígenas lampiños.
Fuera de eso, como el pescadito, nada. Lo único que puede esperar entonces es batir un Record Guiness, como el país que se ha esforzado por tener los peores indicadores educativos en el mundo.
domingo, 21 de octubre de 2007
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