sábado, 10 de noviembre de 2007

La mona debe de vestirse

Según el famoso refrán, aunque la mona se vista de seda, mona se queda, pero cuando de la imagen de un presidente, que representa a toda una nación, está de por medio, hay que recordar otro refrán que dice, el hábito no hace al monje, pero lo distingue.

No es posible que el Presidente de Nicaragua, ande por todo el mundo provocando las miradas burlonas de sus colegas jefes de estado y la crítica mordaz de los medios de comunicación.

En la reciente reunión de jefes de estado en la Cumbre Iberoamericana en Santiago de Chile, nuestro folklórico presidente se presentó con su camisa blanca sin cuello, mientras todos sus colegas vestían sus mejores galas, tal como la ocasión lo amerita. Hasta su mentor, el orate Hugo Chávez, lució su elegante terno. Además del ridículo que hizo al andar como perro bailarín, pues el frío se le colaba por toda su triste humanidad. Ya su pose de Arriba los pobres del mundo, no le causa ninguna gracia a sus colegas, mucho menos a la opinión pública que lo puso en la cola de popularidad de todos los presidentes, abajo incluso de George Bush.

Si fuera congruente con la forma en que se viste, tendría que trasladarse en el territorio nacional en una Caponera, no en una camioneta Mercedes Benz y los actos que organizan en la secretaría del FSLN no tendrían el enorme gasto en las toneladas de flores que pareciera un entierro hippie.

Para no situarse en los extremos, si bien no lo quisiéramos en un empaque Armani, podría darse hacer con algún sastre de Monseñor Lezcano, un par de trajecitos a la medida, de algún casimir colombiano, su camisa Venus que le podría conseguir Byron Jérez y una corbata del Almacén Puerto Libre del Centro Comercial. Es más, los presidentes de los CPC podrían realizar una colecta para que la vestimenta del Presidente no salga del presupuesto nacional y luego vayan a murmurar. Por último, muchos ex funcionarios públicos de la Nueva Era están haciendo ventas de garaje de trajes que ya nunca volverán a usar.

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